Andorra, el país de las montañas

Andorra es uno de esos lugares que, a pesar de tener muy cerca, poco sabemos de él, sobre todo si no vivimos en una de las Comunidades Autónomas que hacen frontera con ella. Sin embargo, pasar un fin de semana en Andorra nos ayudará a conocer algunas de las maravillas de esta gran desconocida para muchos. Sus paisajes, su arquitectura, su oferta en deportes de nieve, su gastronomía… son algunos de los puntos fuertes que esconde este pequeño país, fronterizo con España y Francia.

Una de las primeras curiosidades que sorprenden del Principado de Andorra es que es el sexto país más pequeño de Europa, tan solo por detrás del Vaticano, Mónaco, San Marino, Liechtenstein y Malta. Su superficie es de tan solo 468 km cuadrados, algo que llama a atención al tratarse de un país, y su población superaba en 2016 los 78.000 habitantes. No obstante, sus pequeñas dimensiones contrastan con la variedad de atractivos turísticos que alberga. En este artículo, os dejamos algunos de los más aclamados por si estáis pensando en acercaros a este bonito país.

La nieve andorrana: la mejor compañía para los amantes de los deportes de invierno

Uno de esos puntos de interés que posee Andorra son, sin duda, sus pistas de esquí. De hecho, cada año las estaciones andorranas reciben a más de 2 millones de personas. Uno de los motivos que explica su éxito es la zona en la que se encuentra, los Pirineos, incluyendo en su territorio algunas de las estaciones más grandes que conforman esta cordillera. Además, las montañas de Andorra lucen blancas de manera habitual, por lo que la nieve está prácticamente asegurada en nuestro viaje. Por eso, para los amantes del esquí, del snowboard o el descenso con trineo Andorra se convierte en un lugar ideal para disfrutar en familia o con los amigos. Para ello, basta con consultar las numerosas ofertas y promociones que podemos consultar en webs como Esquiades.com, que nos harán aprovechar esta experiencia al máximo.

La gastronomía: desde las montañas a la mesa

También la gastronomía andorrana guarda relación directa con sus montañas. La carne de caza, las setas o los frutos silvestres son algunos de los ingredientes presentes en su cocina, ideal para aquellos que han gastado sus energías practicado algún deporte en la montaña. La morcilla, el bulls de llengua y de carnetes, el tocino, la longaniza… son algunos de los platos más tradicionales. Además, su proximidad con el país vecino, hace que en sus platos haya mucha influencia gala. En sus restaurantes se pueden degustar platos como la escudella, el trinchado o los canelones a la andorrana y postres como la coca masegada, los orejones y el queso fresco.

La arquitectura en Andorra

Tras descender de sus pistas de esquí, este principado nos ofrece la posibilidad de disfrutar de su arquitectura sin renunciar al deporte. Una de las muestras más representativas del románico lombardo son sus 44 iglesias realizadas durante ese periodo artístico. Aunque no tengamos tiempo para visitarlas todas, sí que merece la pena descubrir, al menos, alguna de ellas. Una buena opción es realizar la ruta que comienza en la iglesia de Sant Joan de Caselles hasta la Iglesia de Santa Coloma. A lo largo del recorrido, nos iremos encontrando algunas de estas pequeñas joyas arquitectónicas.

De turismo rural

La madera, los tejados de pizarra y la piedra son los elementos más característicos de los pequeños pueblecitos que se encuentran a lo largo de todo el territorio andorrano. Los tonos marrones, anaranjados y ocres marcan la forma de sus casas. Además, como suele ocurrir en los pueblos de montaña, la tranquilidad y el aire puro reinan por sus rincones. Son el mejor lugar para hacer una pausa en nuestro viaje y contemplar sus vistas. Uno de esos pueblecitos maravillosos en Pal, en el corazón del cual encontramos una de esas iglesias románicas. También en Pal se encuentra el Centro de Interpretación Andorra Románica.

Si continuamos más hacia el norte, nos encontramos con Llorts. Lo primero que puede llamar nuestra atención son sus casas, que parecen solaparse las unas con las otras. El conjunto presenta una imagen muy encantadora, a lo que también ayuda lo bien que está cuidado la zona. Junto a la madera de sus balcones y las fachadas empedradas, lucen numerosos maceteros con flores de colores.

Un tercer pueblo que podemos visitar es Meritxell, en la parroquia de Canillo. Aunque mantiene similitudes con Pal y Llorts, lo cierto es que Meritxell tiene ciertas singularidades que hacen a esta aldea un lugar especial. Por ejemplo, su templo, conocido como el santuario de Nuestra Señora de Meritxell, obra de Ricardo Bofill Levi. Se trata de una construcción muy moderna que sustituye a un antiguo templo románico que había sido reformado en el siglo XVII, pero que se perdió en el año 1972, tras producirse un incendio que lo destruyó por completo.

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