Cada vez ganan más popularidad las vacaciones en el norte: tranquilidad, buena comida, paseos por estrechos senderos, disfrutar de la sombra de los árboles y del aire de la montaña… y aún así todavía existen destinos desconocidos que merecen la pena disfrutar, como Braganza.
La ciudad de Braganza está situada al norte de Portugal en la región de Tras-os-Montes, y alberga sólo unos 25.000 habitantes. De hecho, el distrito brigantino, que limita al norte y al este con las provincipas españolas de Orense y Zamora, es uno de los más despoblados del país; aunque gracias a la creación del Instituo Politécnico la población juvenil ha aumentado, y además durante los meses de verano son muchos los turistas españoles que se acercan a disfrutar de su paisaje, su arquitectura y su gastronomía únicas.
El principal punto de interés brigantino es la ciudadela: el conjunto de pequeñas casas tradicionales, callejuelas empedradas y pequeñas huertas que rodean el Castillo de Braganza, construído durante el siglo XIII y declarado Monumento Nacional de Portugal. La ciudadela se asienta sobre una colina de unos 700 metros de altitud y está rodeada por una imponente muralla románica que se puede recorrer a lo largo de todo su perímetro, pudiendo disfrutar de unas vistas únicas del resto de la ciudad y de todos los alrededores.
Fuera de los muros, otro punto de obligada visita es la Plaza de la Catedral, centro histórico de Braganza. Los edificios de la zona ya son del siglo XV, pues el crecimiento poblacional y comercial hizo que la ciudad se extendiera más allá del muro de la ciudadela. En esta plaza podemos encontrar, además de la catedral antigua, un impresionante crucero de piedra y una contundente casa blasonada, donde descubriremos el mejor restaurante de la ciudad: el Solar Braganzano. Allí se puede gozar de la mejor y más auténtica comida tradicional del norte portugués: nueces y castañas, buenas carnes, pescados y verduras de la zona, vino del país y postres caseros; todo ello a precios asequibles y acompañado de un ambiente acogedor, con antiguas estanterías repletas de libros, mobiliario y cajas de madera y azulejos blancos con estampados azules típicos del país.
Si lo que buscas es un destino tranquilo estas vacaciones, Braganza es una de esas ciudades con encanto. Arquitectura románica, excelente comida, impresionantes paisajes… y una única Feria Medieval celebrada cada mes de agosto en el mejor de los escenarios.
¿A qué esperas para conocerla?
Autor: Manuel García
Fuente de la imagen: vuelaviajes.com
