Entre Europa y Asia: las dos caras de Turquía

Si hay un país de cultura arábiga que resuma mejor que ningún otro el concepto de multiculturalidad, ese país es Turquía.  La bella Capadocia, el país de los cuatro mares, el nexo entre dos continentes, encierra entre sus fronteras una diversidad que en pocos lugares del mundo podemos concentrar bajo una misma bandera.

Por ello, recomendamos que si nos vemos atraídos por los encantos del puente hacia Oriente, no dudemos en acudir a los viajes organizados a Turquía que nos resuman las dos caras de una misma moneda, las dos caras de un país de futuro occidental pero con un rico legado oriental al que se aferra con cariño. ¿Cómo apreciarlo recorriéndolo por entero?

Imagen: exoticca.com

Cruzando el puente del Bósforo

El primer gran contraste turco lo encontramos en Estambul. La ciudad de las mezquitas es la puerta de Europa hacia Asia a través de un único puente: el puente del Bósforo. Un elegante puente colgante que surca el estrecho del mismo nombre y que une a través de una misma ciudad, la orilla europea y la orilla asíatica.

Cruzar este singular puente forma parte del paquete turístico imprescindible de Estambul, de donde no debemos partir sin disfrutar de su gran Bazar, la mezquita azul o Santa Sofía.

Navegar por el cuerno de oro

Precisamente el puente del Bósforo se sitúa sobre el llamado “cuerno de oro”: un espectacular estuario que actúa de bellísimo puerto natural y que se encuentra justo en la salida del estrecho hacia el mar de Mármara, desde donde se aprecia uno de los mejores atardeceres que podemos ver recorriendo el planeta.

Bañarnos en la costa de sus cuatro mares

Turquía es muy privilegiada geográficamente: a una orografía que tanto le permite disponer de cadenas montañosas como de desiertos y frondosos bosques, se le suma encontrarse bañada nada más y nada menos que por cuatro mares: el Mediterráneo, el Egeo, Mármara y el Mar Negro.

Cada uno de estos mares ofrecen paisajes y experiencias únicas como visitar los acantilados de Antalya en el Mediterráneo con sus playas escondidas entre cascadas y rocas, Esmirna como vertiente más occidentalizada asomándose al Egeo y por ultimo Estambul nuevamente como nexo entre Mármara y el Mar Negro.

Sobrevolar la Capadocia

La región de Capadocia, tallada en piedra por el viento, ofrece espectaculares vistas que podemos apreciar aún más si las sobrevolamos en globo. Una experiencia única que nos acerca a una región que, ahora sí, nos aleja de occidente plenamente y nos remite a paisajes milenarios llenos de cultura como los de Petra en Jordania, a los que evoca las casas y diferentes edificaciones cavadas bajo la montaña.

Éfeso: un museo al aire libre

Y de las reminiscencias a Petra en la Capadocia, pasamos a las de la cuna de Europa, Grecia y la cuna del cristianismo, Jerusalén. Ambas perfectamente representadas en las ruinas de Éfeso, las mejor conservadas del mundo y entre las que encontramos notables joyas de la cultura como el Templo de Artemisa, la que fuera una de las 7 maravillas de la Antigüedad.

Sumela: la Montserrat turca

Terminamos esta ruta de contrastes entre lo Europeo y lo asiático que converge en Turquía trasladándonos a su cara nordeste, donde en Sumela encontramos un bello monasterio que por forma, situación y magnitud nos puede recordar al barcelonés de Montserrat

Construido sobre un acantilado a 1200 metros de altura, rinde culto según la religión griega ortodoxa, toda una rareza encontrándonos en esta región agreste tan alejada de las costas del Egeo.

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